En el prólogo
al libro de Bircot Shmuel, encontramos el relato de un milagro de Januca que
ocurrió en los días del Holocausto al justo Rabí Shraga
Shmuel Shnitzler, paz a su memoria (conocido por el nombre de Tehaber, por la
localidad donde sirve como Rabino y juez en Hungría).
En Januca era
casi el único de todos lo que poblaban el campo de concentración
de Bergen - Belzen, que tenía en su poder, aceite de oliva, para encender
las velas de Januca, y esto, gracias a un milagro "el milagro de Januca".
Al llegar al
lugar, después de pasar mil y una penurias cada uno recibió un
tablón y sobre el una bolsa de paja para dormir. Lo primero que hicieron
fue airear la bolsa cuando el Rabí toma la bolsa, notó que había
dentro de ella una botellita llena de aceite de oliva y en una bolsita pequeñas
copitas y mechas preparadas para ser encendidas. Después de unas averiguaciones
supo que todo eso pertenecía al Santo Rabí de Satmer, que días
antes abandonó el lugar.
Así ameritó
nuestro Rabí - encender el candelabro de Januca en Bergen - Belsen y
muchos de los judíos pasaron frente a las velas embargados de piedad
y emoción.