Cuando el Rabí de Kobryn llegaba a esa
parte de la Hagadá de Pesaj que nos relata acerca de los cuatro hijos
cuyo padre los instruye en el significado del Seder, y a lo que se dice sobre
el más joven: Y con el que no sabe como preguntar debe empezar, siempre
hacia una pausa, suspiraba y decía a D-s “Y al desdichado que no
sabe orar, ábrele su corazón para que sea capaz de hacerlo”.
El imperativo de nuestra generación
es abrir los corazones de los adultos y jóvenes, de limpiar el polvo
que cubre nuestros corazones judíos y que forman una muralla entre nuestro
pasado milenario y nuestra vida diaria, muchos de nosotros como padres no tuvimos
la oportunidad de vivenciar las enseñanzas de nuestra Torá, pero
tenemos nuestra luz interior que nos empuja a acercarnos a las fuentes pero
ese fuego es muy tibio y no tiene suficiente fuerza para iluminar y calentar
la frialdad espiritual de nuestros hijos.
La festividad de Pesaj es la
mejor oportunidad para liberarnos de influencias extrañas, sacar la esclavitud
de nuestros corazones, y recibir el mensaje de Pesaj, mensaje de libertad espiritual
que comenzó en el pasado es vigente en el presente y continuara en el
futuro, si los padres abrirán sus corazones, y se acercaran a la Torá
y a nuestras tradiciones, los hijos seguirán su ejemplo.