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Una vez llegó el santo Rabí Reb – Leib Sar´s a Lemberg.
Como no encontró un lugar para pernotar, golpeó la puerta de la mansión de uno de los hombres más ricos de la ciudad, que acostumbraba a hospedar a grandes y famosos Rabinos.
La vestimenta de Reb – Leib era muy rudimentaria - y al verlo el sirviente que lo atendió fue y le dijo al patrón:
-Un judío pide que le de un lugar para dormir.
-No tengo lugar para él patrón.
Cuando supo que el judío en cuestión era el venerado y santo Rabí Leib Sara´s en persona corrió tras él, para presentarle sus excusas por haberse comportado de esa manera, culpando al criado que le abrió la puerta.
Así le contestó el rabí:
-¿Por qué alaban a nuestro patriarca Abraham, señalando su generosa hospitalidad? – También Lot cumplía este precepto – de todos los vecinos de Sodoma, sólo él recibió a los dos ángeles.
-Has de saber que recibir a los ángeles no es un gran esfuerzo, ya que… ¡Quién no recibirá en su casa a huéspedes tan importantes! - ¡No todos los días sucede tal cosa! – verdadera hospitalidad, encontramos en Abraham, nuestro patriarca, cuando los ángeles se vistieron como árabes – gente corriente – y a pesar de eso los honró sin límites.