Moshé tenía 120 años de edad cuando anunció que su liderazgo llegaba a su fin. Reveló, además, que Iehoshúa había sido elegido por Hashem como su sucesor, que asumiría el mando y conduciría exitosamente a Israel a la Tierra Prometida. En presencia de todo el pueblo, Moshé exhortó a Iehoshúa a ser fuerte y valiente, y a depositar toda su confianza en D-s.
Luego puso por escrito la Ley y la entregó a los cohanim y a los ancianos. Cuando hubiera un rey que gobernara a Israel, debería leerla públicamente, en Sucot del año siguiente al de la shemitá, a los judíos reunidos en el Santuario. De esta forma, cada hombre, mujer y niño de Israel tendría presente su obligacion de obedecer a D-s.
El libro de la Ley escrito por Moshé debía ser colocado por los leviim al lado del Arón Hadkodesh, para atestiguar contra Israel si alguna vez se desviaba de sus enseñanzas.
Luego Hashem ordenó a Moshé que reuniera al pueblo para enseñarle los pasajes de la parashat Haazinu, que le recordaría nuevamente las consecuencias de volverse contra el Señor.
Moshé antes de su muerte
Sobre esta Parashá se cierne algo de tristeza que trae
una despedida de Moshé, nuestro Maestro de quien leemos: “Su
visita no fue ofuscada, ni se había debilitado su vigor” quién
se elevó a las alturas como un ángel, quien la tez de su rostro
despedía rayo de luz, y de quien fue afirmado boca a boca (Yo hablo con
El)
Confiesa Moshé ante su congregación “Soy de Edad de
120 años este día, no podré ya entrar ni salir más”
Está Parashá, Vayelej; que no es sino la conclusión
de las palabras de Moshé expresadas en la Parashá Nitzavim, asombra
y extraña desde el primer versículo. “Fue pues Moshé
y habló estas palabras a todo Israel”.
Dice Ramban: Cuando finalizó sus palabras, se fueron
todos los reunidos, incluso los niños y las mujeres, cada uno a su respectiva
tienda, entonces Moshé se retiró del campamento de los Levitas
para dirigirse al campamento de los israelitas al fin de honrarlos, cuál
persona que quería despedirse de su compañero y va a solicitar
la respectiva licencia, con la sencillez absoluta tan propia del carácter
de quien atestigua la Torá “Y aquél varón, Moshé,
es muy modesto, más que todos los hombres que había sobre la Tierra”.
(Rabí Shismshon Rafael Hirsch)
Esta tristeza propia de la llegada del fin de todo hombre se
mece en toda la Parashá y es recalcada por el Midrash que corona a los
últimos versículos de despedida y a las palabras del Señor
a Moshé: “He aquí se acercan los días en que has
de morir”.
Moshé, nuestro Maestro, el padre de los profetas anteriores
y posteriores, el que nos redimió de Egipto y nos entregó la Torá
en el Monte Sinay, ejemplo de Sabio y dirigente, quien será vigente por
siempre