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Saturday, September 20, 2014                   
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Versión en Hebreo
El Señor es bueno, rico, está cerca y vive eternamente.

Rabí Zacarías, fue uno de los distinguidos alumnos de Rabí Elimélej, Rabino de una ciudad cerca de Lisenk, vivía en una gran pobreza. Tenía una casa llena de criaturas, y aunque el sueldo que percibía de los humildes fieles era muy escaso, nunca demandaba ayuda de otro.
Su hermano vivía lejos, y aunque estaba en una buena posición y lo hubiera ayudado, Rabí Zacarías escondía su pobreza y no le pedía ayuda ni siquiera a él, quien nunca llegó a enterarse de esa difícil situación.

La esposa de Rabí Zacarías era una mujer devota que apoyaba a su marido, acompañándolo en su necesidad.
Pero cuando los niños crecieron y la hija mayor estuvo en edad de casarse, la rebetzn empezó a argüir para que buscara una solución. Si bien no quería recurrir a extraños, a su rico hermano – sin duda – si podría pedir ayuda. Ella exigía a su esposo que viajara hasta donde su hermano en busca de ayuda para la casa, pero Rabí Zacarías ni siquiera quería oír de ello y se opuso terminantemente a la proposición.
Sin embargo, la rebetzn no cedió a sus exigencias y día tras día con lágrimas, pedía a Rabí Zacarías que recurriera a su hermano, hasta que el Rabino no pudo seguir oponiéndose y estuvo de acuerdo en viajar.

La rebetzn comenzó a preparar el viaje de su esposo. Era un viaje de varios meses y en aquella época había mucho que preparar para la travesía. Cuando llegó el día fijado, un carro se acercó a la cas de Rabí Zacarías para recogerlo. El Rabí se vistió la piel, se despidió de la esposa y de los hijos y salió. Pero, al llegar a la puerta, se detuvo junto a la mezuzá, se quedo pensativo unos instantes y entonces, volviendo el rostro hacia su casa, dijo:

“¡Yo no voy!”

El cochero empezó a gritar, la esposa a argumentar, pero el se mantuvo firma:

“¡Yo no voy!”

Después de que despidieron al cochero y volvieron a entrar los paquetes a la casa, Rabí Zacarías dio a entender a su esposa lo que había sucedido:
“La Guemará, en Berajot, dice que antes de ponerse en camino debes aconsejarte con tu Creador. Para explicar esto, Rabí Jisda dice que se debe recitar Tefilat HaDerej, pero en esto también hay una doble intención y es lo que se está por hacer”.

“Yo pensé: ‘Voy donde mi hermano a pedir ayuda ¿quién sabe si es bueno y me pueda ayudar? En contraposición está el Todopoderoso que, sin lugar a dudas, es bueno, tal como está escrito: “Tob HaShem Lakol” (D-s es bueno para todo). ¿Quién sabe si mi hermano aún es rico? Tal vez haya perdido su fortuna, en contraposición el Señor del Mundo, que es rico tal como está escrito: “Li Ha Kesef Ve-Li Hazahab” (Mía es la plata y Mío es el oro) Mi hermano vive tan lejos y yo voy a tener que sufrir varias semanas hasta llegar a él, en contraposición al Señor del universo, que está cerca tal como está escrito: “D-s está cerca de todos los que lo llaman”.

“Yo viajo donde mi hermano pero, es posible, D-s libre, que él ya murió; en contraposición al Señor del Universo, que vive y existe por siempre. Entonces, que tonto resulta no confiar en el Todopoderoso y viajar en busca de una ayuda, que sólo es dudosa. Por eso he decidió no viajar”.

La lógica de esas palabras tranquilizaron a su mujer, quién ya no le exigió que viajara donde su hermano.

Finalmente, la ayuda del Todopoderoso llegó directamente a la casa de Rabí Zacarías por medios extraordinarios.
Algunas semanas después, llamó a la puerta de Rabí Zacarías un noble que se presentó como feudal de un pueblo lejano. El hombre llevaba un paquete que quería dejar depositado en casa del Rabí durante algún tiempo.
Rabí Zacarías estuvo de acuerdo. De esa forma pasó un mes, tres, cuatro meses y hasta medio año, sin que el feudal apareciera. La mujer empezó a decir que abrieran el paquete para ver que contenía, pero Rabí Zacarías se enojó:
“¡D-s libre! ¿Cómo puede tocarse algo que te fue dejado en depósito?”

Así transcurrió todo el año, el feudal no regresó y la esposa siguió insistiendo, hasta que Rabí Zacarías decidió trasladarse donde el Rabí Elimelej para preguntarle que hacer.
Ni bien cruzó el umbral del cuarto del Rabí, éste se puso de pie y dijo:
“El Señor del Universo es bueno, rico, está cerca y vive eternamente. El señor del Universo te envió Su ayuda por Su propia mano”.

¿Qué sucedió realmente?
El feudal de ese pueblo lejano tenía una propiedad en la ciudad, terrenos y bosque que se habían vendido en 10 mil gulden. Pero el hombre tuvo miedo de ponerse en camino con ese dinero porque los asaltantes de aquella zona tenían puesto el ojo sobre todo y sabían de la transacción que habían realizado. Por eso decidió dejar el dinero en el pueblo y comprendió que el lugar más seguro era en manos de Rabí Zacarías que ya gozaba de buen nombre. Pero los asaltantes no lo pensaron mucho y cuando el feudal salió al camino lo detuvieron y le dieron muerte en el acto, por lo tanto no hallaron el dinero que estaba a buen resguardo.

El feudal era un hombre solo, sin esposa ni hijos, por lo que el dinero quedó como bien habido por Rabí Zacarías y su familia.
Entonces su esposa pudo llegar al convencimiento pleno y total de que el Señor del Universo es bueno, rico, está cerca y vive eternamente.

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