En aquel día, cuando Rabí Shimón Bar Iojay, estaba por abandonar el mundo terrenal, se reunieron todos sus grandes alumnos en su casa, y el Rabí se encontraba muy alegre al verlos junto a él. En ese momento una gran cortina de fuego rodeó toda la casa, y la mayoría de sus alumnos salieron de la habitación y se sentaron afuera, solo sus alumnos más especiales se quedaron en ella.
Dijo Rabí Shimón a sus alumnos: “Este momento es adecuado para pedir, y yo deseo solicitar llegar al Mundo Venidero “Olam Habá” sin pena ni vergüenza. Hay cosas importantes que no les he revelado hasta ahora y que se encuentran en mi corazón, ha llegado el momento de revelarlos ante la Suprema Providencia (Shejina), y entrar con ellas al Olam Habá.
Y continúo Rabí Shimón: Rabí Aba, escribirá, Rabí Elazar, mi hijo, estudiará en voz alta, y sus otros compañeros (javerim), repetirán en su corazón las palabras que diré ahora”.
Rabí Shimón les habló sobre grandiosos y profundos temas, sobre los cuales se sostiene el mundo.
Cuando El Rabí llegó al final de sus palabras citó el versículo: “pues allí ordenó Adon-ay la bendición, vida hasta la eternidad” (Tehilin 133:3)
Rabí Aba dijo: “No terminó Rabí Shimón, la santa luz, de decir “Jaym” vida, cuando se interrumpieron sus palabras, yo deseaba escribir más pero nada escuché, y no levanté mi cabeza porque la luz que él emanaba era muy radiante y no me permitía ver, en ese momento comencé a temblar. Escuché otra voz que decía ‘porque días largos y años de vida y paz te concederán’ (Mishlei 3:2). ‘Vida pidió el de Ti, Tú le diste extensión de días, por siempre jamás’ (Tehilin 21:5)”
Prosiguió Rabí Aba “Durante todo ese día no cedió el fuego que cubría la casa, y no había forma de llegar hasta Rabí Shimón, debido al fuego y la luz que lo rodeaban. Después de que se interrumpió el fuego vi a la luminaria santa, y el santo entre los santos, Rabí Shimón, abandonó el mundo envuelto en su Talit, con el shofar en su diestra y su cara sonriente”.
Comenzaron los “javerim” (alumnos) a llorar, hasta que se levantó Rabí Jiya y dijo: “Ahora no hay tiempo sino para ocuparnos de su honor” >
Vino la gente de Tzipori, ordenando a la fuerza a enterrar a Rabí Shimón en esa ciudad, pero los habitantes de Merón, al escucharlos, los echaron a gritos, pues ellos querían que el Rabí fuera enterrado allí.
Cuando salía la cama de la casa del Rabí, flotaba en el aire y el fuego quemaba todo ante él. Entonces escucharon una voz que les decía: “Vengan y reúnanse en la “Hilulá” de Rabí Shimón quién falleció en paz y descansa en su tumba como todos los que anduvieron en rectitud” (Isheiahu 57:2).
Al llevarlo a la cueva, lugar de su última morada, los habitantes de Merón escucharon una voz que decía. “Este es el varón que hizo temblar la tierra, que sacudió los reinos, cuantos ángeles acusadores abandonan hoy por ti” (Isheiahu 14:16). “Este es Rabí Shimón Bar Iojay, nuestro señor, a quien D-s bendito es, lo alababa todo los días, feliz sea su parte en los mundos terrenales y ahora superiores, cuantos tesoros superiores están guardados para ti como está escrito: “Tú, empero, irás al fin; entretanto descansarás y te levantarás al goce de tu herencia al fin de los días” (Daniel 12:13)
Así finaliza la descripción de cómo falleció Rabí Shimón Bar Iojay, como lo describe el Zohar.
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