Una preparación previa.
Para conversar con Tus hijos necesitas:
Colocarte en su lugar, saber exactamente que hacen y quienes son sus amigos,
que sienten, qué les enseñaste y que ponen en practica.
Pero creo que primeramente debo examinarme detenidamente y preguntarme: ¿Cómo
me comporto yo?, ¿cómo lo considero, un niño o un adulto?,
¿le demuestro que lo amó?, ¿se lo hago saber por medio
de una sonrisa, un abrazo o un beso?, ¿uso un tono de voz apropiada?,
¿le tengo paciencia?
Tendrás que hacer hincapié en tu actitud para
con él, respetar sus sentimientos, su dignidad, su opinión, sus
decisiones aunque si no son correctas, le harás saber para que las cambie
para bien.
Emularas a HaShem, D-s, Él es lento en enojarse y para
eso te armaras de mucha paciencia, y si tienes que hacerlo te morderás
la lengua, tantas veces que sea necesario. Si te sientes ofendido por sus palabras,
recordarás siempre que es tu hijo y tú su padre.
Le dedicaras todo el tiempo que te sea posible, estudiarás
con él, y lo harás de la forma más sosegada posible. Jugarás
con él el tiempo que puedas, tratarás de estar a su lado al acostarse
por la noche y juntos recitar el Shema.
Juntos harán del Shabat y las festividades, y del el
cumplimiento de las mitzvot (preceptos) algo placentero, cantarán juntos
las “zemirot” (cánticos sabáticos), hablarán
sobre la “Parashá” (lectura semanal), le escucharas junto
a tu esposa, las vivencias d la escuela, cursos, sobre sus amigos, en fin todo
lo que hizo en la semana.
Dejarás tus ocupaciones personales, preocupaciones laborales,
para escucharle con amor y cariño.
¡Porque ellos son tus hijos y tu, eres su padre!