Esta semana comenzamos con el cuarto libro de la Torá
– Bamidbar.
Los tres libros anteriores llevan su nombre, por una palabra
tomada del primer versículo.
Breshit – Breshit bará Elokim (Al principio creó D-s)
Shmot – Vele Shmot (Y estos son los nombre)
Vaikrá – Vaikrá el Moshé (Y llamó a Moshé)
Pero el cuarto libro de la Torá, recibió el nombre de Bamidbar,
porque representa una época completa de la historia de nuestro pueblo
– la época del desierto.
Los cuarenta años de la epopéyica travesía
del desierto vienen después de la entrega de la Torá, y la construcción
del Santuario (Mishkán) de HaShem, la luz que alumbró los primeros
pasos del pueblo de Israel en el desierto.
Fue el profeta Irmiahu quien descubrió la situación
anímica del pueblo en el desierto: “Me acuerdo del cariño
tuyo (a Mi), del amor de tus desposorios, cuando me seguiste por el desierto
en una tierra no sembrada (2:2)
Entonces la relaciones entre HaShem y su pueblo eran idílicas,
como el amor entre esposos, como el amor de una novia a su elegido, dispuesta
ir tras Él hacia la Tierra Prometida.
Sobre la grandeza del pueblo en ese momento leemos en la Parashá:
“Los hijos de Israel acamparán cada uno frente a su estandarte,
según la insignia de la casa paterna, en frente a la tienda de plazo
(2:2)
Este versículo destaca la unidad de “Bene – Israel”
Hay una unión, aunque halla una gran cantidad de familias
compuesta por personas diferentes en carácter y criterio – Pero
todas se unen para realizar la meta en común.
Este fue el mérito de esa generación y por esa
razón fueron recompensados con el Mishkán (Santuario) Si pudiéramos
subir a un helicóptero armado de cámaras fotográficas /
videos especiales y volar por el túnel del tiempo y ver desde arriba
y eternizar el panorama veríamos un espectáculo esplendoroso,
el Ohel Moed (Tienda de plaza) y el Santuario, residencia de la “Shejiná”
(Divina Providencia) en su centro y en su alrededor, por los cuatro punto cardinales
las banderas de Israel, que juntas mancomunan a las familias hebreas, según
sus tribus emprenden el camino a la Patria ancestral.
¿Acaso hay un cuadro más esplendoroso que este?
Aunque con el correr del tiempo, el pueblo demostró
en sus actos y quejas, que todavía no estaba preparado para la redención.
Aquí estamos en el principio del pueblo en el desierto de Sinay y entonces,
la luz alumbrará con fuerte esplendor.