Hay un adagio popular que cita: “Cuando entra el mes de Elul, también
los peces en el mar tiemblan”.
Dentro de unos pocos días estaremos frente al Supremo
Hacedor, en Rosh Hashaná, cuando todos los seres que han venido al mundo,
pasaran delante de Él como “Benei – Maron” (como corderos
que pasaran uno a uno delante de su dueño).
El hará una revisión de nuestras acciones; relaciones
y conductas para con nuestra familia, la sociedad, y el entorno que nos rodea,
puede que entremos en depresión, ya que en nuestros adentro sabemos que
infringimos las leyes entre nosotros y HaShem, faltamos a nuestros compañeros,
en fin la lista es larga, nuestro corazón se contrae, un enorme temor
nos embarga, ¿qué va a pasar?, estamos desesperados, elevamos
nuestros ojos a HaShem, oh D-s ayúdanos, danos otra oportunidad, unos
años más, prometeremos rectificar, hacer el bien, apoyar a nuestros
cónyuges, escucharlos, hablar con nuestros hijos, ayudar a los necesitados,
mirar a los ojos de los que sufren, visitar a enfermos, hacer el bien y volver
a nuestras costumbres ancestrales Shabat, Kashrut, Pureza familiar, etc.
Tenemos fe que HaShem, se compadecerá de nosotros.
Tenemos fe que El nos perdonará, porque El solo espera que nos dirijamos
a Él, anhela nuestra cercanía y nuestras preces.
Hace unos años, escuché palabras de un Rabino
que me trajeron paz y esperanza.
Sucedió - contó el Rabino, que un ladrón,
no dejaba de cometer fechorías, a pesar de las advertencias y amenazas
que la autoridad le daba día tras día. Un día llegó
la policía, lo esposo, y puso en la cárcel en espera del día
del juicio.
Cuando llegó el día, le sacaron de su celda,
y lo llevaron en una patrulla policial hasta el tribunal.
Los policías observaron su rostro y notaron que su rostro no indicaba
preocupación alguna. Cuando lo colocaron en la celda junto con otros
delincuentes que como él, que también debían presentarse
para ser juzgados, empezó a reírse, y a presentar buen ánimo.
Su abogado defensor le preguntó: “¿Por qué te ríes?,
puedes ser condenado a muchos años de cárcel”. El hombre
en cuestión no prestó atención a sus palabras y comenzó
a caminar hacia la corte, con una sonrisa a flor de labios.
¿Estás loco? – Vuelve y le dice el abogado – mejor
borra tu sonrisa.
El malhechor se volvió hacia él y le dijo: “como siento
que tu quieres mi bien te revelaré el secreto de mi buen ánimo,
el juez es mi padre”