El tiempo no pasa, nosotros pasamos por él.
Viajamos en el tren del tiempo, y cada cierto período hay estaciones, hay meses que su “mazal” no es tan bueno, como Tamuz y Av, época de la destrucción de nuestros Sagrados y tan añorados Templos, los hay regulares como Jeshvan, y los hay con gran fortuna, puesto que su “mazal” es maravillosamente prometedor, como el mes de Kislev.
Kislev, el mes de los milagros de Januca, cada año, en este mes se renueva la fuerza de los milagros; no se trata solamente de lo que ocurrió con los Hashmonaim hace miles de años, porque en la actualidad cada uno de nosotros lucha contra la maldad y la adversidad, y como entonces con la ayuda de D-s, veremos las maravillas y los milagros.
Es el tiempo en que la naturaleza funciona de forma irregular. Los débiles vencen a los fuertes, pocos a los muchos.
Los Macabeos eran pocos y débiles, y vencieron al poderoso imperio griego. Nosotros volvemos a ese mismo escenario, donde el terreno está preparado para el milagro.
En este mes podemos pedir por milagros. Matitiahu, el anciano Macabeo y sus hijos no tenían otra elección, debían luchar por su fe por su Torá, por su pueblo o ser arrastrados, exterminados, expulsados de su terruño natal y desparecer como pueblo del mensaje divino.
El anciano Matitiahu, enarboló su bandera con el grito “quien esta con HaShem que venga a mí”, al principio se unieron unos pocos, la chispa brotó, no ayudaron los elefantes, los guerreros ni las maquinas de guerra griega, el milagro se hizo, batalla tras batalla hasta llegar a la santa Ierushalaim, y purificar el Templo.
La naturaleza de Kislev es milagro, por consiguiente es natural que en este mes, HaShem haga milagros, solo tenemos que pedir, y eso lo podemos hacer porque no tenemos elección. Este mes puede revertir la situación más difícil, más desesperante en una gigantesca redención.
¿Qué le parece, cree usted que logrará hacerlo?
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